3 de mayo de 2017

¿Cómo afectan las discusiones a hijos e hijas?

Tener un hijo te cambia la vida es la frase preferida de muchos padres para relatar su nueva situación ante el nacimiento de su bebé. La neurociencia ha demostrado que su cerebro también se remodela. Las madres aumentan su capacidad de atención y de prever situaciones de riesgo. Los padres activan las áreas de la memoria y de resolución de problemas. Cada uno desarrolla su cerebro para ponerlo al servicio de su vástago. Los compañeros pasan de mirarse el uno al otro a mirar los dos por el bienestar del nuevo miembro de la familia.

Es aquí cuando surgen los conflictos, que no son otra cosa que la decepción al descubrir que el otro piensa de manera diferente cuando no se trata de asuntos banales, sino muy serios: “Es el futuro de mis hijos lo que está en juego”, en palabras de Marta, madre de dos niños, que discute a diario con Luis por la elección del colegio. “Y de mis hijos también”, responde él; nunca dicen “nuestros hijos” cuando hablan del colegio. Las diferencias son profundas en el tema de los niños porque se ponen en juego los modelos familiares y las historias vitales de los progenitores: “Mis padres me educaron así y no me ha ido mal”, dice ella, mientras él la mira con gesto escéptico.

Marta creció en una estructura familiar basada en la disciplina, el orden y la seguridad de sus padres. Luis se educó en la libertad del ambiente rural arropado por todo un pueblo. ¿Cómo se sale de este embrollo sabiendo que en esta etapa se minimizan las similitudes y se acentúan las diferencias? Con amor, respeto… y algo más.

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